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El Cáncer y tus hijos. ¿Qué pasa con los niños pequeños?
El Cáncer y tus hijos. ¿Qué pasa con los niños pequeños?

¿Qué pasa con los niños pequeños? Y cuáles son los errores comunes que debes dejar de hacer.

Cuando existe un hijo menor de edad en la familia oncológica,  esta enfermedad es de la familia, no solo del portador. Entonces, se desarrollarán dos vías de maduración en el niño y ello dependerá de su participación y la importancia que se le dé en cada una de las situaciones con respecto al proceso oncológico familiar, porque todos los miembros de la familia deben tener el conocimiento del proceso de su paciente, debido a que también es el mismo para cada uno de ellos, aunque por su edad, carácter y temperamento, es interpretado de distinta forma. 

En este caso, se le tiene que hacer partícipe al menor de la situación  familiar. No me refiero a que se le deba dar la responsabilidad del portador, pero sí otorgarle el beneficio de que su actuar representa un apoyo para él y su familia, al derivar esa acción en dos procesos de maduración que marcarán el desarrollo de la vida y de su personalidad: la positiva o la negativa.

Errores comunes

1. Actuar como si nada pasara:

“Me hago el fuerte” (error, porque el menor recibe y percibe todo lo que tenga el adulto; puede que no sepa el porqué de su actuar o pesar, pero sabe y siente que  algo está mal. El chico notará el rechazo de su misma familia, además del problema y el estrés de esta, e incluso en algunos causas puede introyectar (admitir) como propio el problema, y pensar que es por algo que él cometió. 

Así, el menor solo sufrirá su ambiente, porque se sentirá excluido por algo que cree haber cometido. Ello lo llevará a procesos depresivos y reactivos como problemas de conducta en la escuela, agresividad, enojo, irritabilidad, falta de concentración, bajo rendimiento escolar, líos en casa por desapego a las reglas, no reconocimiento de figuras de autoridad, Incluso, a retar y a provocar al adulto. En algunas ocasiones se han presentado problemas para el control de esfínteres (enuresis y encopresis) en menores que ya no estarían en esa fase de maduración.

 2. No les digas nada, porque están chiquitos y no entienden

Esto llega a lastimar mucho a una sociedad, familia, niño y paciente, debido a que es el adulto quien no entiende (que con la  intención de proteger, hace mucho daño), que en la familia hay una situación inocultable. Es como cuando se intenta tapar el sol con un dedo, la luz no llega directamente a los ojos, pero sigue siendo de día. Y ¿cuánto tiempo puedes mantener levantado ese dedo, tapando lo que no puede taparse? ¿Será cansado? Yo creo que no, ¡será frustrante!, porque al día siguiente será igual, y al que sigue, lo será más, y así, hasta el final de los días. 

3. Mitos alrededor de la enfermedad:

El menor sí podrá integrar el concepto de “enfermedad”, así que se le tiene que explicar, pero sin decirle que ella se debe a haberse pegado o por haber comido algo, ni mucho menos, que es por un bicho o una bacteria, o por haberse portado mal o ser enojón, o todo el repertorio que suelta el adulto cuando intenta explicar algo. Basta con decirlo en un lenguaje verdadero y sencillo. El niño podrá entenderlo e integrarlo.

4. Tomar decisiones sin consultar o escuchar su voz

Por temor a dañar a los niños pequeños, las familias afectan mucho más, sin querer y sin percatarse. A esto se le considera un “daño pasivo”, aunque no colateral, ya que con la justificación que se desarrolla de forma colectiva por el adulto (“es que están chiquitos y no entienden”), la dinámica de la familia o de la sociedad se desenvuelve sobre y para con el paciente, al grado de tomar decisiones sin consultarle, o haciéndolo, pero con la intención de proteger a sus hijos, se decide y se toman acciones por ellos, nuevamente con la excusa de  que “no entienden”, sin darles la oportunidad de integrarse en algunas decisiones o cuidados del paciente.

5. Apartar al menor del paciente:

A veces recurren a apartar al menor de su padre o madre, y no me refiero a separarlo física o moralmente, sino psicológicamente, al no comentarle la situación que se presenta en SU familia.

Si integramos a nuestro hijo, este pequeño se ha obligado, de manera inconsciente, a madurar aceleradamente, para así poder reaccionar de la forma más correcta ante la situación que se le presente. Aquí es cuando la sociedad recurre a decir: “Es que, pobre, lo que le tocó vivir… y tan pequeño”; pero claro, esa colectividad no se hará responsable del niño que ha tomado conciencia de la mortalidad de su propia vida. 

Ese niño será una persona responsable, capaz de asumir roles y funciones que otros de su edad ni imaginarían. Este chico, gracias al proceso de maduración, será más consciente y responsable en su adultez, debido a que en su infancia supo procesar e integrar situaciones de crisis reales. Reformará su estructura psíquica y llegará a ser más adaptable, y, si es bien encausado por una sociedad responsable, desarrollará su capacidad cognoscitiva a un nivel que, como adulto, podrá adaptar en su entorno para llevar mejor su existencia. En pocas palabras: de un proceso duro y difícil, aprenderá a conducir su vida.

Para Más herramientas:

Consulta el libro Tengo cáncer ¿Y ahora qué? 

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